EL ÚLTIMO ENCUENTRO…

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12 de noviembre……………………………y entonces sucedió que……………………..

…………lo primero que hizo, tras saber el resultado irrefutable de aquellas pruebas, que no le daban mucho más tiempo de vida, fue tratar de arreglar las cosas con aquellas personas de las que, por diversas circunstancias, se había distanciado. No quería que le sucediera lo mismo que le había pasado con John (Lennon) con quien no se hablaba cuando aquel 8 de diciembre de 1980 fue asesinado, hacía ya casi veintiún años.

No mencionarle  en su autobiografía «I, Me, Mine» (Yo, Mí, Mío), publicada unas cuantas semanas antes de aquel fatídico día, fue para aquel una grave ofensa que no le perdonaría y de la que George, al no haber, cuanto menos, intentado disculparse, poniéndole fin a aquella situación en la que, en modo alguno, pretendía haberle ofendido, se martirizaba día sí y día también.

Aquella autobiografía procuraba centrarse más en los pasatiempos que el ex Beatle tenía además de su pasión por la música. De hecho en varios pasajes de la misma sí que menciona a John, pero no lo llega a presentar como un “elemento inspirador de su música”, algo por lo que en una entrevista con David Sheff (periodista del PlayBoy) llegaría a asegurarle haberse sentido muy molesto ya que, -“al parecer mi influencia en su vida es absolutamente nula… No estoy en el libro”-.

Sin embargo aquello no era del todo cierto. En más de una ocasión sí que había valorado muy positivamente la influencia musical de Lennon llegando incluso a afirmar, al hablar de los Beatles, que Ringo era un buen batería de Rock and Roll, Paul un gran bajista (aunque a veces era algo ruidoso) y que sin lugar a dudas “tocaría en cualquier banda con John Lennon”, por lo que aquel distanciamiento y lo peor de todo, no haber podido despedirse de él, era algo que desde entonces le tenía consternado.

Así que habló con Olivia, su mujer, con la que llevaba casado desde 1978 y le dijo que quería volver a ver a su hermana, con quien no se hablaba desde hacía más de diez años, y reunirse con Paul (McCartney) y Ringo (Star), a los que invitaba a pasar un día con él en Nueva York. Con Paul, si bien no había llegado a enemistarse, sí que se había producido cierto distanciamiento, algo que no había sucedido con Ringo, con el que seguía manteniendo contacto y una buena relación (de hecho había colaborado con él en varios proyectos musicales, desde casi el mismo momento de la disolución de los Beatles allá por 1970). Los tres aceptaron de inmediato realizar esa reunión.

El reencuentro con su hermana Louise no duraría más de noventa minutos, en una de las habitaciones del “Staten Island University Hospital”, tiempo escaso pero suficiente para poder hablar durante todo ese rato sin soltarse de la mano y darse al despedirse uno de esos abrazos, al que llamaban “el abrazo Harrison”, que se propinaban desde bien pequeñitos. George era el pequeño de los cuatro hermanos, y Louise, con doce años más, la mayor.

El 12 de noviembre de un día como hoy, de hace veinte años, George, Paul y Ringo se reunían en una suite del Hotel Plaza, uno de los más exclusivos de Manhattan, con vistas a Central Park, el mismo en el que se hospedaron en su primera gira en 1964 al llegar a la “Gran Manzana”.

El primero en llegar, en un vuelo procedente desde Londres, fue Paul, al que acompañaba la que por aquel entonces era su novia, Heather Mills (con quien se casaría un año más tarde). Desde la ciudad de Boston lo hacía Ringo, que dejaba por unos momentos a su hija Lee gravemente enferma, con un tumor cerebral, del que finalmente se recuperaría. También estaban presentes Olivia Arias y Dhani, la mujer y el hijo de George, y su médico personal, Gil Lederman, que en una entrevista ofrecida posteriormente al British Mirror describiría aquella reunión “como muy emotiva y divertida, nada sombría”.

Rieron contándose muchas anécdotas, como la de aquella mañana en la que George y Paul se conocieron en un autobús camino del instituto de Liverpool al que ambos se habían inscrito, con apenas doce años y la prueba que tuvo que hacer, años más tarde, para convencer a John, en el segundo piso de un autobús en marcha, y entrar a formar parte del grupo que habían creado.

También recordaron su primera gira por Hamburgo y como cierta noche George, creyendo que todos dormían, perdía su virginidad, siendo, al acabar, largamente ovacionado por los tres que habían fingido estar dormidos.

Todo fueron risas y alguna que otra lágrima recordando pasajes de sus vidas como tres buenos amigos que nunca se hubieran separado. No hubo ningún reproche.

Tras el almuerzo George tenía que volver al Hospital. Ringo regresaba a Boston para estar con su hija. Paul declinaba marcharse pidiendo poder esperarle para pasar un poco más de tiempo juntos, algo que así sucedería.

Doce días más tarde, el 29 de noviembre de 2001, a la edad de cincuenta y ocho años fallecía George Harrison en la mansión que Paul McCartney poseía en Hollywood Hills en la ciudad de  Los Ángeles y que este le había ofrecido para asegurarle una despedida, rodeado de los suyos, en la más absoluta de las intimidades, como así sucedió. Se marchaba el Beatle al que la prensa estadounidense bautizó como el «silencioso» que quiso ser exitoso, pero no famoso.

—“Ser parte de los Beatles en 1962 fue el mayor hito de mi carrera. El segundo hito, desde entonces, fue separarme de ellos”—. [George Harrison]

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