EL CASO DE GEORGE STINNEY.-

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17 de diciembre…………………….y entonces sucedió que…………………………

………………….la noticia de la desaparición de las dos niñas corre como la pólvora por el condado de Clarendon, Carolina del Sur, aquel viernes 24 de marzo de 1944. John y Daisy, los padres de Betty Binnicker de once años de edad, y Ben y Lula Mae los de Emma Thames de siete, acuden a la oficina de H.S Newman, Sheriff de la localidad de Alcolu, para denunciar que ninguna de ellas ha regresado a casa.

Esa misma tarde dos vecinos integrantes de uno de los equipos de búsqueda que han sido formados, Francis Batson y Donald Padget hallan los cuerpos sin vida de las dos niñas, en una zanja poco profunda, presentando ambas, magulladuras en brazos y piernas y un fuerte impacto en la parte posterior de sus cabezas, considerado, en un principio, como la causa probable de sus muertes, siendo encontrada por sus proximidades una barra de hierro, presumiblemente, el arma del delito.

Basándose en la declaración de un testigo, que dice haber visto hablando a las niñas con un chico y una chica de color, al otro lado de las vías, donde reside la población negra de la localidad, los agentes logran identificar al chico en cuestión, George Stinney de catorce años de edad, acudiendo al día siguiente a su casa, el cual les confirmaría haber estado con su hermana pequeña, Amie, cuando se les acercaron dos niñas preguntándoles si sabían dónde podían encontrar la flor de la pasiflora (Maypop).

Considerando pues aquella explicación del chico, como un argumento sólido incriminatorio, la policía detenía al joven que, llevado a los calabozos de la ciudad, era acusado de un delito de asesinato en primer grado, consiguiendo una hora más tarde, sin la presencia de abogado alguno, la confesión de tan horrendo crimen. Su hermana interrogada por este mismo suceso declararía sin embargo que no se separaron, en ningún momento, aquel día.

Esa misma mañana, tras extenderse la noticia del arresto del joven George, su padre era despedido del aserradero en el que trabajaba. La comunidad blanca visiblemente alterada y con clara sed de venganza se dirigía hacia casa de la familia Stinney, los cuales se vieron obligados a huir para evitar ser linchados por aquella masa encolerizada.

A pesar de tener catorce años, las leyes de Carolina del Sur dictaminaban que podría ser tratado como un adulto más y en consecuencia ser juzgado como tal, en un juicio que se celebraría un mes más tarde, el 24 de abril, teniendo una duración de apenas tres horas. El único elemento consistente de todo aquel procedimiento se basaba en la declaración de culpabilidad en la que se auto incriminaba. Sin testigos presenciales, ni rastro de sangre en la ropa del joven, los doce miembros integrantes del jurado (todos ellos de raza blanca), en diez minutos, alcanzaban por unanimidad un acuerdo de veredicto de culpabilidad.

El juez determinaba la ejecución en la silla eléctrica para George Stinney, acusado de un delito de asesinato en primer grado llevándose a cabo cincuenta y tres días más tarde, el 16 de junio, siendo el reo más joven en morir en la silla eléctrica en toda la historia delictiva de los Estados Unidos.

Testigos de aquella ejecución en la penitenciaría estatal de Columbia, en Carolina del Sur, declararían posteriormente haber presenciado una de las muertes más crueles de todas sus vidas. Con apenas un metro y cincuenta y cinco centímetros de altura tuvo que ser necesario colocar en el asiento unos libros para elevarlo lo suficiente y acoplarle la máscara de electrodos, que se le soltaría en plena ejecución teniendo que ser interrumpido el proceso.

La familia apelaría desde entonces exigiendo, aún con su fallecimiento, la reapertura del caso, alegando, entre otros asuntos, la violación de derechos fundamentales y judiciales y la inexistencia de un proceso judicial justo. En 2013 lograban reabrirlo ofreciéndoles el perdón para George Stinney, algo que la familia rechazaría rotundamente.

Setenta años más tarde, el 17 de diciembre de un día como hoy, de 2014, la juez de Carolina del Sur, Carmen Tevis Mullen, anulaba la sentencia que le había condenado a muerte. Expertos en criminalística determinarían que dada su complexión (de metro y cincuenta y cinco centímetros de altura y cuarenta kilos de peso), la barra de hierro, considerada el arma del delito, era demasiado pesada para un niño de sus características físicas, por lo que si ya se antojaba difícil poder elevarla por encima de su cabeza, mucho más llegar a ejercer la fuerza suficiente para poder siquiera llegar a golpear con ella.

Basándose en esta historia real, Stephen King se inspiraba en la misma para escribir su novela “La Milla Verde” adaptada por Frank Darabont y llevada a la gran pantalla, protagonizada entre otros por Tom Hanks.

Sirva pues este recordatorio en memoria de George Stinney, un niño, de catorce años, que nunca debió haber sido culpado y mucho menos morir por ello.

-“Pides perdón cuando toleras o disculpas a alguien por algo que hizo. Nosotros no estábamos pidiendo perdón…[Norma Robinson, sobrina de George Stinney]”-.

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