JUAN DE LEPE, REY DE INGLATERRA

14012203

14 de enero…………………………….y entonces sucedió que…………………………..

…………….que Enrique VII, rey de Inglaterra y Señor de Irlanda, desde el 30 de octubre de 1485, fundador de la dinastía Tudor, era todo un personaje peculiar y variopinto, no cabe duda alguna. Nadie sabe ni cuándo, ni por qué, ni siquiera de qué forma, un buen día, decidiera crear un nuevo oficio dentro de su corte, que con el tiempo acabaría siendo conocido como «El Novio del Taburete» (Groom of the stool), nombre con el que era designado el encargado de llevar el utensilio utilizado para dicha finalidad.

El cometido de este nuevo oficio, a priori, no era en modo alguno agradable, y sin embargo con el transcurso de los años llegaría a enfrentar a las familias más influyentes y poderosas de Inglaterra para lograr que alguno de sus miembros pudiera detentar dicho cargo que acabaría siendo considerado todo un privilegio.

Básicamente el novio del taburete era el máximo responsable de la limpieza e higiene de las deposiciones y excreciones de su majestad, tras las cuales, haciendo uso de un mueble adecuado para dicha finalidad y en el que una vez realizada la evacuación del monarca ayudado de una serie de cuencos y toallas húmedas procedía a su profunda limpieza.

Por aquellos días situarse próximo al rey, bajo su influencia, o tener un trato directo con aquel era sin lugar a dudas un extraordinario trampolín social, y aquel cargo, lleno de momentos de intimidad acabaría convirtiéndose en un oficio altamente codiciado, ya que probablemente no habría en toda la corte nadie más cercano al soberano que aquel que le acompañase en dichos menesteres.

El rey debería sentirse muy cómodo con quien desempeñase dicha actividad, con el que además compartiría intimidades, siendo su oído y convirtiéndose en su confidente.

El primer novio del taburete de Enrique VII fue Hugh Denys de Osterley, que en poco tiempo pasaría a dirigir todas las finanzas de la nación así como las principales actividades de la llamada “cámara privada” de su majestad, conformada por un reducido y selecto grupo de cortesanos que mantenían un contacto directo con aquel.  

Era el rey muy dado a permanecer largos periodos de tiempo encerrado en su castillo dedicando gran parte del día a entretenerse con juegos de azar, principalmente de cartas. Coincidiendo por aquellos días con la creación del mencionado puesto del Novio del taburete, solía acercarse por el Palacio de Richmond, a orillas del Támesis, construido por Enrique VII en 1501, un marino, natural de Lepe, llamado Juan, hábil jugador de cartas, amén de poseer todas las virtudes propias de aquellos españoles procedentes del sur de la península que con su simpatía, arrojo, gracia y salero lograría ganarse la confianza de aquella corte y hasta del mismísimo rey de Inglaterra.

Juan de Lepe pasó en poco tiempo, a pesar de su humilde origen plebeyo, a formar parte de aquellas personas que mantenían un trato directo con su majestad, como un cortesano más, despertando, con su hilarante humor, las risas de quienes compartieron tardes enteras de juegos con él.

Fue el propio Enrique VII quien le haría subir, desde los salones ubicados en la parte inferior de palacio, a su cámara privada para disfrutar, junto a otros cortesanos de rango abolengo, de las delicias de su carácter, a la par de su habilidad en los juegos principalmente de naipes.

El 14 de enero de 1509, de un día como hoy, lograba el lepero hilvanar una serie de manos seguidas que le procuraban ganar todas las partidas celebradas hasta aquel momento despertando el lado más competitivo del monarca que, un tanto molesto, sin llegar al grado de sentirse enojado pero sí algo irritado y ciertamente picado en su espíritu competitivo, proponía al ávido jugador apostar al famoso «doble o nada», jugándose las rentas del reino de un día, nombrándole para ello rey de Inglaterra, ante la curiosidad de quienes observaban la más que entretenida y divertida partida.

El lepero aceptaba aquel envite volviendo a ganar a un monarca que admitía la superioridad de aquel hábil jugador, exigiendo este el cumplimiento de la promesa acordada, convirtiéndose, Don Juan de Lepe, en rey de Inglaterra por un día.

Aprobada la real cédula que convertía al español en rey de Inglaterra por un día, una vez publicada esta, era desde aquel mismo momento aclamado y reconocido como el pequeño rey (The little king). Obviamente el avispado personaje supo aprovechar tan distinguido título asegurándose su futuro con la recaudación de las rentas de aquel día, y con la autorización pertinente de su majestad llevaría consigo de regreso a su localidad natal, donando buena parte de la misma al convento franciscano de Santa María la Bella con la condición de que a su muerte fuera enterrado allí mismo, con una lápida recordando esta hazaña.

Poco tiempo más tarde, el 21 de abril de 1509, fallecía el monarca Inglés, sucediéndole en el trono su segundo hijo varón, Enrique VIII.

En Lepe hay una calle en memoria de tan ilustre personaje, que parte desde la calle Fuentes y desemboca en la Plaza de España.

De esta circunstancia dejaría testimonio escrito, años más tarde, el padre Francisco de Gonzaga en su obra “Origen de la religión Seráfica”, que recoge el hallazgo que hizo en su visita por aquel entonces a las ruinas del convento, señalando que;

—“En la iglesia de este convento aún se ve el sepulcro de cierto Juan de Lepe, nacido de baja estirpe, que llegó a ser favorito de Enrique VII, y por un día natural, rey de Inglaterra”—.

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