LA LOCA DE ARRIQUÍBAR

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21 de enero………………………….y entonces sucedió que……………………………

……………….narraba Homero en La Odisea, la historia de Penélope, fiel y abnegada esposa de Odiseo (Ulises para los romanos), rey de Ítaca, quien había partido, hacía algo más de quince años, a la península de Anatolia, a la guerra de Troya, esperando aquella pacientemente su regreso, mientras varios pretendientes, entre quienes se encuentran los príncipes extranjeros Antínoo y Eurímaco, considerándola viuda, por el tiempo ya transcurrido, solicitaban su mano, llegando estos, en un intento por presentarle mayor presión, a alojarse en su propio palacio.

Muchos daban por muerto a Ulises, pues dieciséis años era tiempo más que suficiente para presuponer que aquel habría fallecido, bien en el mismo fragor de la batalla o víctima de algún accidente, en su viaje de regreso. 

Mientras aquellos la apremiaban para que eligiera marido, entre alguno de ellos, Penélope diseñaba astutamente una estrategia para ganar tiempo, llevada por el firme convencimiento de que su marido todavía estaba vivo, anunciando que elegiría esposo al acabar un sudario que estaba tejiendo para su suegro Laertes. Y así, mientras tejía de día, deshacía lo hecho por la noche para prolongar aquella tarea.

Tejiendo de día y destejiendo de noche, transcurrieron casi cuatro años, despertando las sospechas de quienes veían como pasaba el tiempo sin finalizar aquella labor. Hasta que delatada por una de sus sirvientas, era obligada a concluir el sudario del padre de Ulises. La historia finalizaba con la aparición, tras veinte años, de Ulises, el mismo día que los pretendientes competían por el amor de su esposa.

Fue muy popular en la ciudad de Bilbao, una mujer, de nombre Mercedes, que acudía todos los días a la céntrica plaza de Arriquíbar, donde sentada en uno de los bancos, se pasaba el tiempo tejiendo (como lo hacía Penélope) y dando de comer a las palomas. Si bien aquella lo hacía por un amor que le era correspondido, mientras que Mercedes, al parecer, no.

Esta mujer, Mercedes Lorenzo Souto, llegaría a despertar la curiosidad de todos los que durante años la verían sentada en el mismo banco, de la aludida plaza, y de la que se decía que había nacido en Lugo, un 15 de diciembre de 1915.

Al parecer, había trabajado como secretaria en las oficinas que la empresa Martini Rossi tenía, por aquel entonces en activo, en la calle Alameda de Urquijo (la que nace en la Gran Vía de Diego López de Haro y que termina en el estadio de San Mamés), lugar en donde posteriormente se ubicarían las “Galerías Urquijo”, la zona de ocio nocturno por excelencia de los 90 en el Botxo.

Decían que Mercedes se había enamorado perdidamente del regente de un ultramarinos, llamado Andrés Estebaranz que había abierto su local, Casa Estebaranz, en la calle del Licenciado Poza, en el número 44, a seiscientos metros de allí, el cual acudía a la antigua Alhóndiga (el almacén de vino situado en la misma plaza, reconvertido actualmente en un lugar de ocio, el llamado «Centro Azkuna») donde coincidirían varias veces, surgiendo entre ambos la chispa del amor. O al menos, eso era lo que contaba la buena de Mercedes.

Unos atestiguaban que el romance entre ambos había sido real, otros, que tan solo existió en la mente de ella. De lo que no hay duda alguna es que el dueño del ultramarinos contraía matrimonio años más tarde con otra mujer, hecho que acabaría por desconcertar a Mercedes hasta el punto de llegar a trastornarla por semejante disgusto, acudiendo, desde entonces, todos los días, a sentarse en el mismo banco desde donde podría ver la entrada de la tienda del que, según afirmaba ella, había sido su prometido, ataviada de vestidos pintorescos y llevando llamativos sombreros, buscando de esta forma incomodar con su presencia al aludido tendero mientras pasaba las horas alimentando a las palomas y como una Penélope moderna, haciendo calceta.

Los alumnos del colegio del Pilar, que está ubicado en la misma calle que el ultramarinos, en el 21, la veían al salir de clase todos los días, ayudando a propagar su historia al contarla a sus mayores, convirtiéndola en leyenda viva y a la que acabarían conociendo como “la loca de Arriquíbar”.

Ella no se mete con nadie, ni siquiera le molesta que se rían abiertamente al verla allí. Ajena a las habladurías siempre tiene un gesto de cariño, sobre todo para los niños, que juegan en aquella plaza, su plaza, a la que acude todos los días.

En 1982 el grupo bilbaíno Mocedades lanzaba un disco bajo el título “le llamaban loca”, con letra compuesta por José Luis Perales, alimentando aún más su leyenda, pues parecía basarse en esta historia, aunque sería el propio compositor quien años más tarde lo desmentiría al tratarse, según contaba, de una vecina de la puerta de al lado de la casa de sus padres que se había trastornado al enviudar. En este enlace la canción (https://www.youtube.com/watch?v=EY3dA_j7YLc).

El 21 de enero de un día como hoy de 1996, Mercedes ingresaba en el hospital psiquiátrico de Aita Menni de las Hermanas Hospitalarias de Arrasate en Mondragón, en donde fallecía dos días más tarde, el día 23.

-“En el hospital en un banco al sol se la puede ver sonreír, consultando su viejo reloj pensando que ha de venir aquél que se marchó”- (Le llamaban loca, Mocedades).

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