LA PANDEMIA DEL COVID-19

11MARZO

11 de marzo……………………………..y entonces sucedió que…………………………

………tiene fiebre desde hace más de seis días, se siente muy cansada, como si estuviera padeciendo la típica gripe, pero en lugar de sufrir esa «rinorrea» molesta (el goteo nasal característico en estos casos) presenta más bien una tos seca, perdiendo, según dice, el olfato. Wei Guixian de cincuenta y seis años trabaja como vendedora en un puesto de mariscos del mercado de Huanan, el que está al lado de la estación del ferrocarril, la de Hankou, y aunque se resiste a acudir al médico, porque no puede permitirse el lujo de faltar al trabajo, aquella misma tarde, del lunes 16 de diciembre, ingresaba en el Hospital Central de Wuhan, aquejada, según parte de los médicos que la atienden de una “enfermedad desconocida”.

Dos días más tarde, el miércoles, Ai Fen, directora del servicio de urgencias del mismo hospital, recibía el aviso de examinar a un paciente de sesenta y cinco años de edad, que acababa de ingresar con dificultades respiratorias, en lo que aparentemente parecía tratarse de un simple caso de neumonía aguda, y que curiosamente trabajaba como repartidor en el mismo mercado que la paciente de la misteriosa enfermedad.

El aludido paciente no respondía a los antibióticos ni a los medicamentos suministrados ni siquiera al interferón (proteína que es utilizada para tratar infecciones virales) por lo que la doctora solicitaba la realización de una TC (Exploración por Tomografía Computarizada).

El resultado de la citada TC revelaría una infección en ambos pulmones, presentando, tanto en uno como en el otro, múltiples sombras irregulares dispersas y desenfocadas, una neumonía de origen desconocido, muy similar a la aparecida, en 2003 hacía ya casi diecisiete años, la que acabaría siendo conocida como del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), que tuvo un balance final de setecientos muertos en China.

No muy lejos de allí, en el Hospital de Xinhua, a diez minutos del mercado de Huanan, ingresaba una pareja de ancianos presentando ambos también dificultades respiratorias. Acompaña a la pareja su hijo, que en principio no muestra síntomas de padecer enfermedad alguna.

Tras recibir los primeros resultados de las pruebas a las que han sido sometidos, la directora en medicina respiratoria y de cuidados intensivos, la doctora Zhang Jixian solicita realizar al hijo, aparentemente sano, una tomografía de sus pulmones que de la misma forma y para su sorpresa acabarían presentando las mismas anomalías que sus padres, mostrando una serie de manchas blancas dispersas, informando de ello urgentemente al director del hospital, el doctor Dingyu, temiendo encontrarse ante una variante desconocida de la enfermedad del coronavirus, el cual informaba, aquel 27 de diciembre, al CCDC del distrito de Jianghan (Centro Chino para el control y prevención de enfermedades) de las sospechas de su equipo.

Al día siguiente, el sábado 28 de diciembre, el Hospital Central de Wuhan ya había identificado siete casos más con los mismos síntomas. Informado por su colega, la doctora Ai Fen, el doctor Li Wenliang, enviaba un mensaje de texto por el WeChat a sus compañeros de facultad, -“Confirmados siete casos de SARS, procedentes todos ellos desde el mercado de Huanan; Se ha comprobado que se trata de un coronavirus; el subtipo exacto está todavía por determinar”-.

Un subtipo de virus nuevo y desconocido, llamado SARS-Cov-2, conocido como COVID-19, con la capacidad “única” de infectar, a través de su proteína Spike [con su peculiar forma de corona, en castellano, -“proteína de la espícula”-], a las células del epitelio respiratorio, causando cuadros de neumonía respiratoria, algunos muy graves, pero, aterradoramente, poseer al mismo tiempo la capacidad de infectar las células endoteliales, es decir, las de las paredes de los vasos sanguíneos..

El mensaje del doctor Wenliang se propagaría hasta llegar a las autoridades chinas que acabarían llamándole la atención, advirtiéndole con carácter inmediato del cese de seguir propagando este tipo de noticias falsas alertando con ello a la población (el 31 de enero, el doctor era diagnosticado de coronavirus ingresando en la UCI, falleciendo una semana más tarde, el 7 de febrero, a los treinta y cuatro años de edad).

Ese mismo día 31 de enero de 2020 se confirmaba el primer paciente de coronavirus en España, en las Islas Canarias. La médico Myriam Medina y la enfermera Adelhid Schmid fueron las encargadas de realizar esta asistencia en el domicilio de cinco turistas alemanes, de los que dos de ellos, habían estado en contacto directo con un enfermo diagnosticado por coronavirus en Alemania tras haber regresado de un viaje a Wuhan, permaneciendo aislados en el Hospital Virgen de Guadalupe de la Gomera.

Al finalizar el mes de enero, ya eran diez mil los pacientes diagnosticados por Covid-19 en China y lo más preocupante de todo, cerca de ciento diez casos dispersos en otros diecinueve países

Ante la rapidez de la propagación el 11 de marzo de un día como hoy, de hace dos años (coincidiendo en España con el décimo sexto aniversario de los atentados de Madrid), la OMS determinaba que aquel brote desde aquel mismo día se empezara a tratar como una “pandemia”.

El origen ha sido motivo constante de controversia. Una delegación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) desplazada a Wuhan, en boca del jefe de la expedición, el danés Peter Ben Embarek, señalaba el mercado de Huanan como el principal foco y nexo de propagación del contagio, en el que, transitando entre sus callejuelas, podía adquirirse hasta cuarenta y dos especies exóticas vivas, criadas en granjas a más de cuarenta kilómetros, sin el consiguiente control e inspección de las autoridades chinas, que el 1 de enero de 2020 ordenaban su cierre y desinfección, prohibiendo además la venta de animales exóticos.

Posteriormente el mismo jefe de la delegación, en agosto de 2021, en una entrevista concedida a la televisión danesa TV2, llegaría a afirmar que no debería descartarse la teoría que barajaba como origen de la enfermedad al laboratorio inmunológico de la ciudad de Wuhan, en el que alguien podría haberse infectado, de manera accidental, por un murciélago portador del virus SARS-CoV-2.

El resto es historia…y mientras unos no lo vieron venir (argumentando, “como mucho, no tener más allá de algún caso diagnosticado, limitado y controlado”), con cerca de setenta y cinco millones de casos confirmados posteriormente por todo el mundo y más de un millón setecientas mil muertes a día de hoy, otros, ordenaban el confinamiento de una ciudad entera de once millones de habitantes, durante setenta y seis días.

Algunas incluso lo vieron venir en el mismo instante…

 -“No me gusta cómo pinta esto”-, tuiteaba la periodista científica Helen Branswell en la web de noticias médicas STAT, el 2 de enero de 2020.

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