UN CÉSAR CON MUCHO «TALENTO»

1803

18 de marzo……………………….y entonces sucedió que……………………………….

………..estar casado con la hija de quien controlaba por aquel entonces la República, máximo rival político y enemigo de Sila, le llevaría a tener que huir de Roma cuando este, concentrando todo el poder en sus manos, ya como dictador, le ordenaba divorciarse de ella, algo que un Julio César, jovencísimo, de apenas diecisiete años de edad, no estaba dispuesto a consentir.

Sería cinco años más tarde, con la muerte del dictador Lucio Cornelio Sila, en el año 78 a.C. cuando Julio César regresaba a Roma dedicándose a la abogacía en el Foro romano. La necesidad de perfeccionar su oratoria lo llevaría hasta la isla de Rodas, en donde Apolonio Molón había fundado una escuela de retórica, que en poco tiempo, había alcanzado tanta fama que a la misma acudían estudiantes de todo el mundo antiguo conocido, entre ellos, el mismísimo Marco Tulio Cicerón.

Muy cerca de allí, asentados en la localidad de Cilicia (la actual Çukurova en la costa sur de Turquía), un grupo de piratas operaba libremente por todo el mar Mediterráneo, desde la aludida Cilicia, en donde tenían instalado su cuartel general hasta la provincia de Hispania, asaltando todos los barcos que a su paso encontraban.

Quiso el destino, según narraría Suetonio de este suceso acontecido, que un grupo de aquellos piratas abordara, cerca de la isla de Farmakonisi, la galera del joven Julio César, sin tener aquellos conocimiento de quien era aquel al que secuestraban, miembro de uno de los linajes más antiguos y prestigiosos de toda Roma, solicitando para ser liberado la entrega de 20 talentos de oro.

Cuenta Plutarco que Julio César al escuchar la cantidad que pedían por su rescate echándose a reír, se mostraba contrariado e incluso ofendido por aquella cantidad que consideraba irrisoria, pues estimaba que el precio de su rescate debería ser, por lo menos, de más del doble, una cuantía que finalmente aquellos corsarios acabarían fijando en 50 Talentos, mandando Julio César a quienes le acompañaban en su viaje marchasen a recaudar aquel montante como entrega acordada para su posterior liberación.

“Grosso modo”, teniendo en cuenta que un Talento equivalía a 60 Minas, y una Mina eran 50 Siclos siendo el peso de un Siclo de 571 gramos de oro, un Talento de oro sería por tanto [571 gramos por 60], dando la cantidad nada desdeñable de unos 34 kilos y 260 gramos (según podemos calcular en https://www.inversoro.es/precio-del-oro/precio-oro-actual/), el precio de un gramo es de 55.85 euros, por lo que el kilo del oro está a 55.850’00 € y por lo tanto los 50 Talentos serían en la actualidad casi dos millones de euros (concretamente 1.913.421’00 €).

Cuenta Plutarco en su obra “vidas paralelas”, como anecdotario de la estancia del futuro dictador de Roma, que este, durante aquel mes que aproximadamente duraría aquella retención forzosa, acabaría hablándoles con cierto desprecio, obligándoles incluso a tener que guardar silencio y no poder siquiera hacer ruido alguno mientras descansaba, convencido de sentirse a salvo ante la perspectiva de la entrega de aquella enorme suma pactada.

Preparaba, durante aquella estancia obligada, sus discursos que incluso hacía que le escuchasen. Cuando aquellos no le daban muestras de gratitud, o no le brindaban el aplauso que él creía merecer les acusaba de bárbaros ingratos a los que prometía al salir de allí “colgarles”, riendo aquellos como si de una broma se tratara.

Y de esta forma transcurrirían treinta y ocho días de cautiverio, hasta que reunido y entregado el importe solicitado, el joven Julio César era finalmente liberado, tres días después de los idus de marzo, esto es, un 18 de marzo, de un día como hoy del año 75 a.C.

Pero este, lejos de dejar pasar aquel asunto, dispuso inmediatamente, nada más ser puesto en libertad, en la localidad de Mileto equipar algunas embarcaciones, armando una escuadra, en el puerto de los Milesios, para regresar a por los piratas que todavía seguían allí, a los que acusaba de traidores, apresándolos a todos ellos.

Con el grueso de aquel grupo capturado se dirigió hasta Pérgamo (enfrente de la isla de Lesbos) en donde residía Marco Junio, el gobernante de Asia, el cual dispuso que fuera el mismo César quien decidiera el destino de aquellos, sus captores.

Julio César dispuso proceder a la «cruxificción» de aquellos, pero queriendo mostrarse condescendiente y compasivo, por el buen trato recibido durante su cautiverio, dispuso que aquellos “fueran degollados” antes de ser clavados en la cruz.

Su carrera político militar en años sucesivos sería brillante, dirigiendo, con éxito, las guerras de las Galias, las de Egipto, el Ponto (donde haría celebre aquella frase tras su victoria frente a Farnaces; Veni, Vidi, Vici; “Llegué, vi y vencí”) y las de África.

Instauró en Roma un gobierno de tres, el llamado “Triunvirato” (Junto a Craso y Pompeyo) y tras la muerte del primero, enfrentándose a Pompeyo llegando hasta el límite de su jurisdicción, el río Rubicón, pronunciaba de nuevo una frase para la posteridad al decidir cruzarlo para ir hacia Roma a su encuentro, “Alea iacta est; La suerte está echada”.

Curiosamente también durante los idus de marzo, treinta y un años después, en el año 44 a.C., cuando se hallaba al lado de la estatua de su otrora enemigo, Pompeyo, otro Marco Junio, de apellido Bruto, sobrino suyo, junto a sesenta senadores más, autoproclamados los libertadores, lo asesinaban a cuchilladas.

A mano otra vez de traidores…a quienes el César odiaba…y es que bien decía;

-“Amo la traición, pero odio al traidor [Julio César]”-

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