—UBUNTU—

UBUNTU 2

15 de abril…………………………y entonces sucedió que……………………………..

………………..el deseo del antropólogo alemán Wilhelm Bleek de estudiar las diferentes lenguas africanas, sobre el mismo terreno, se vería materializado cuando un 15 de abril, de un día como hoy, de 1854, conseguía el puesto de lingüista para la expedición que el Doctor William Baikie iba a realizar a bordo del Pleiad, por el Níger.

Una exploración que tenía previsto realizar un recorrido de cerca de dos mil kilómetros en su ascenso por el aludido río, desde la localidad de Bamako, la capital de la actual Mali, hasta su confluencia con el Benue.

Unas inoportunas fiebres ponían fin a aquella aventura del joven filólogo mandándole de regreso a Inglaterra, tras permanecer algunas semanas, en Fernando Póo (antes conocida como Formosa, la actual Bioko).

A su regreso en Londres, Bleek contactaba con su compatriota, el entonces embajador de Prusia en Gran Bretaña Christian Von Bunsen que le ponía en contacto con quien acababa de ser nombrado gobernador de la colonia del cabo, Sir George Grey que a su vez le presentaba a John Colenso, obispo anglicano de Natal, en la costa este, el cual le proponía incorporarse a su diócesis con el encargo de escribir una gramática de la lengua zulú lo más completa posible.

El 20 de mayo de 1855, un entusiasmado Bleek arribaba al puerto de Durban, desde el que se dirigía hasta Natal para desde allí, ir realizando pequeñas incursiones hacia los poblados nativos del interior, sobre todo en territorio bosquimano. Visitar las comunidades indígenas para realizar un estudio de manera personal no era la forma más habitual de proceder, al no encontrarse estas exentas de ciertos peligros. Sería años más tarde, con la llegada del trabajo de campo realizado por Malinowski en las Trobriand, cuando a estas observaciones se les acabaría otorgando un mayor rigor científico.

Bleek, que siempre había estado convencido de la existencia de un tronco común para todas las lenguas africanas, con aquellas exploraciones sobre el terreno, acabaría identificando aquel vínculo lingüístico similar entre la mayoría de hablantes africanos, al que bautizaría con el término, “bantú”.

En una de aquellas incursiones, entre los recovecos de las montañas de Kahlamba, también conocidos como los «Montes del Dragón», cierta tarde el antropólogo observaba a un grupo de niños jugando al tradicional juego del león (Mbubei). Este tras dirigirse al árbol más apartado, colocando un cesto sujeto a su base, en el que había puesto previamente una variedad de frutas, volvía hacia aquel grupo de niños a los que les proponía realizar otro tipo de juego diferente.

El juego consistía en efectuar una carrera, partiendo desde un punto situado a cierta distancia de aquel árbol, siendo la cesta de mimbre, con todas las frutas de su interior, el premio para el que primero llegase.

Los niños aceptaron el juego. Cuando aquel daba la señal de salida, para su sorpresa, todos los niños comenzaron a correr hacia el árbol con sus manos entrelazadas, llegando al mismo tiempo, agarrando el mimbre y repartiendo la fruta de su interior entre todos. Nada, en modo alguno comparable, con lo que había imaginado que sucedería.

El joven lingüista, confuso, educado en el individualismo, llegando a poseer un espíritu algo más competitivo, preguntaba a quellos el motivo de aquel proceder, por qué nadie había querido ser más rápido que el resto y llevarse así toda la fruta como premio.

La respuesta que obtuvo fue, -“Ubuntu”-. Ubuntu, dijeron, casi al unísono, mientras sonreían.

Ubuntu, es un término zulú procedente del sur de Nguni, de un proverbio Xhosa, que viene a decir; -“Ubuntu Ungamuntu ngabanye abantu”- (“las personas son personas a través de otras personas”).

Es un estilo de vida que hace hincapié en la interconexión natural de los individuos, en una constante creencia en uno mismo y en el prójimo. No es un término político, ni es religioso, es algo que va mucho más allá de una simple relación de interdependencia. Algo así como la vital, valiosa y necesaria polinización cruzada de las abejas de la que dependen cerca del 30% del total de los cultivos alimentarios.

El Premio Nobel de la Paz en 1984, el obispo anglicano sudafricano, Desmond Tutu, lo definía como, “te necesito para poder ser yo mismo, igual que tú, me necesitas, para ser tú mismo”. Un término que otra galardonada con el Premio Nobel de la paz, en 2011, la liberiana Leymah Gbowee, acabaría definiendo como, “Soy porque somos”.

Una filosofía de vida que sería dada a conocer por quien fuera el primer presidente negro de la República de Sudáfrica, Nelson Mandela, el 10 de mayo de 1994, a dos meses de cumplir los setenta y seis años, de los que, veintisiete de ellos, los había pasado privado de libertad (en una celda de apenas cinco metros cuadrados) , que sin ánimo de venganza y sin dedicar un solo minuto de su actividad política al desconsuelo ni a la amargura, en una entrevista realizada al periodista sudafricano Tim Modise cuando le preguntaba sobre el significado y la amplitud de aquel término, Mandela le contestaba de la siguiente forma;  

“En los viejos tiempos cuando la gente recorría el país, al parar en los pueblos no hacía falta que preguntaran por comida o agua. Cuando los veían, la gente les daba comida y agua”. Este pequeño gesto es uno de los muchos aspectos que abarca este concepto lleno de significado”—.

Ese es el espíritu de Ubuntu.

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