UNA LUCHA A BRAZO PARTIDO…

22abril

22 de abril………………………….y entonces sucedió que………………………………

…………en 1987, la familia de Aron Ralston al completo se trasladaba desde la ciudad de Marion, en Ohio, a Englewood, a unos quince minutos en coche al sur de Denver, la capital del estado de Colorado. Para el joven Aron, de doce años por aquel entonces, aquel cambio significaría entrar en contacto directo con la naturaleza de la que acabaría convirtiéndose en un ferviente entusiasta.

Su padre, Larry, contribuiría a ello en gran medida cuando una noche de verano, de ese mismo año de 1987, se lo llevaba a acampar en el «Parque Nacional de Canyonlands» del que quedaría absolutamente maravillado.

El 22 de abril, de un día como hoy, de 2003, en el supermercado Safeway, del 211 de la avenida Jefferson, Aron compraba varios productos para su próxima visita al Cañón que quería realizar el siguiente fin de semana. Con las barritas energéticas se llevaba además una de esas «navajas multiusos» que tenían de oferta y que la cajera le ofrecía por tan solo un par de dólares más. No le interesaba lo más mínimo pero por el precio que le pedía acabaría aceptando, sin darse cuenta de la importancia que aquella navaja acabaría teniendo.

No le ha contado a nadie sus planes. Total, tiene previsto estar fuera tan solo un día, así que sobre las cinco de la tarde del viernes 25 de abril, añade a sus aparejos las pocas provisiones que piensa que necesitará poniendo rumbo al Parque Nacional de Canyonlands, por la Interestatal 70, en un trayecto de unas seis horas en coche que ha hecho ya, podría decirse, un millón de veces.

Llega sobre las once de la noche y duerme en la misma camioneta. A primera hora de la mañana, sobre las nueve, se desplaza en bicicleta por Robberts Rostts (uno de los escondites secretos que tuvo el famoso ladrón de Bancos, Butch Cassidy y su banda) hasta llegar al Cañón de Blue John, a más de 23 kilómetros de distancia.

Se siente vivo, libre, absolutamente feliz en contacto con la naturaleza. Experimenta una paz mental difícil de conseguir en cualquier otro ámbito. Poder explorar aquellas montañas, recorrer sus estrechos pasillos, le procura una vivencia única, tan necesaria, que en mayo del año pasado, renunciaba a su trabajo de ingeniero en Intel, donde llevaba cinco años, para dedicarse, seis meses más tarde, desde noviembre, al montañismo profesional, como guía.

En el Blue John decide realizar un descenso por una de aquellas ranuras estrechas y profundas. Se ha puesto la música de su banda favorita, Phish. Suena “Walls of the cave (Paredes de la cueva)” de su último álbum, Round Room. Curiosa letra que, a modo de presagio, parecen sin ser consciente de ello estar advirtiéndole de algo, -“ …estas rocas caerán por fin…”-.

En la bajada sortea una enorme roca que parece estar anclada entre las dos paredes, de unos 350 kilos de peso, que justo cuando pasa por ella acaba desprendiéndose, dirigiéndose hacia donde se encuentra, cayendo sobre su brazo derecho que queda completamente atrapado contra la pared de arenisca, a más de treinta metros de profundidad. Trata en vano de sacar el brazo que rápidamente siente como se le va entumeciendo. No quiere perder la calma. Es consciente que ha cometido el error de salir sin avisar a nadie de a dónde iba, y tampoco dispone de muchos víveres.

Sabe que la posibilidad de ser encontrado en aquel lugar es bastante remota, aún así por la noche desesperado grita pidiendo auxilio, por si aquel silencio nocturno pudiera ayudarle a propagar mejor sus gritos de desesperación. A la mañana siguiente, intenta mover la piedra con sus aparejos mecánicos. Ha estudiado Ingeniería mecánica en la CMU (Carnegie Mellon University) de Pittsburgh y aplica sus conocimientos para poder mover aquella mole, pero con la limitación de la inmovilidad de su brazo el proceso es inviable.

Con la llegada del tercer día, del lunes 28, en un empeño desesperado, prueba a picar el lateral de la roca próxima a la pared utilizando para ello la pequeña navaja multiusos barata que lleva, la del Safeway, sin obtener el resultado deseado.

El martes, durante todo el día, estudia cómo moverla aplicando para ello la dinámica de las poleas, aparejando cuerdas inútilmente, pues la gigantesca roca no se mueve ni un solo milímetro, dándose cuenta además de que su brazo se estaba gangrenando. En un estado absoluto de desesperación, temiéndose lo peor se graba en un video, a modo de despedida, diciendo quien era él y quienes eran sus padres para en el caso de no salir vivo de allí les hicieran llegar este, siendo consciente que sin víveres y en aquel lugar probablemente nunca sería encontrado. Grabación que podemos ver en el siguiente enlace; [https://youtu.be/4tRerOxv77w].

El jueves sin comida ni bebida ya, con la navaja talla sobre la superficie de la pared las cuatro iniciales de su nombre, [A][R][O][N] y la inscripción latina R.I.P. (Requiescat in pace), (descanse en paz). Y de pronto, cuando parecía estar abandonado a su suerte, algo en su interior le empuja a tomar una difícil decisión que bien podría salvarle la vida. Tomando aquella navaja comienza a intentar cortar la piel del brazo prisionero, una tarea, cuanto menos inútil, pues esta sin apenas filo no llega más que a producirle algunas laceraciones. Así que fríamente piensa la manera de poder desprenderse de aquel brazo, llegando a la firme convicción de que para ello debería primero “partir”  los huesos, algo que sin pensárselo dos veces acabaría haciendo, doblándolo bruscamente.

Abrir la carne clavando la punta de la navaja, seccionar los nervios con sus alicates incorporados, y desprenderse de aquella extremidad acabaría resultando un proceso dolorosísimo que le mantendría ocupado las próximas cuatro horas, consiguiéndolo finalmente, realizándose tras ello un torniquete y proceder a descender veinte metros, con un solo brazo, y como buenamente pudo, salir de allí para regresar hacia su camioneta aparcada a más de diez kilómetros de distancia.

La suerte, el destino, la buenaventura hizo que deambulando camino de su vehículo se encontrase con un matrimonio neerlandés, Monique y Eric Meijer que junto a su hijo Andy se encontraban por aquella zona, dando aviso a los servicios de emergencia que lo trasladaban inmediatamente al Hospital St. Mary’s, en el 2635 N 7th St, de de la ciudad de Grand Junction.

Aron nunca ha dejado de visitar la montaña. Se fabricó una prótesis para poder seguir disfrutando de aquello que ama.

El 12 de noviembre de 2010, se estrenaba la película 127 horas, dirigida por Danny Boyle, narrando este suceso, una película protagonizada por el actor James Franco en el papel de Aron Ralston y cuyo tráiler oficial podéis ver en el siguiente enlace; https://youtu.be/V2cjVNcLE6w.

-“Soy yo el que elegí esto. Todo sucede por una razón. La belleza de la vida radica en que no se nos permite conocer esas razones con exactitud”- [Aron Lee Ralston]

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