EL RITO CHEROKEE DE LA MADUREZ

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29 de abril……………………y entonces sucedió que…………………………………….

………………Dasan cree que su hijo Umi está ya preparado para dar el paso, y así se lo hace saber a su mujer Amadahy, que al fin y a la postre es quien, en los matrimonios de los cherokees, tiene la última palabra sobre todas estas cuestiones familiares. El chico va a cumplir los catorce inviernos, uno más que cuando lo hizo su hermano mayor Tadan que estuvo preparado un poco antes, a los trece.

Para los cherokee el tránsito de niño a hombre adulto lo determina la celebración de un ritual al que deben someterse todos los niños varones durante la fase de la pubertad (generalmente entre los nueve y los quince inviernos), al que llaman el “rito de la madurez”.

El proceso en las niñas es bien distinto pues viene otorgado directamente por los dioses mediante la aparición de su primer periodo, cuando aquellos consideran que, la niña en cuestión, está ya preparada.

De hecho y en base a ello, la sociedad cherokee es matriarcal, con un gran respeto a la madre Tierra. Todo lo que conlleva o tiene que ver con el hogar y la familia depende de la mujer, y son precisamente ellas las encargadas, a la hora de formar su propia familia, de elegir a su marido, pudiendo llegar a convivir con el candidato y futuro esposo a modo de prueba, verificando así sus cualidades. La vivienda es también propiedad de la mujer, de la madre.

Amadahy cree también que el momento ha llegado, y así lo comunica a la “Casa del Consejo” (lugar donde se realizan las asambleas) anunciando el tránsito a la madurez de su hijo, el pequeño, sometiéndose a la celebración del ritual del paso de “atsutsa” (muchacho) a “asgaya” (hombre), a dos soles de finalizar el periodo de la luna de la flor (Kawoni) que correspondería a un día 29, del mes de abril, de un día como hoy de 1822, de hace, por tanto, doscientos años.

Y así, dos lunas más tarde, padre e hijo se adentran en la cresta montañosa de Lookout Mountain, entre los actuales estados de Georgia, Alabama y Tennessee. Por el camino Dasan va instruyendo al asustado niño sobre lo que le espera, aconsejándole sobre lo que tiene que hacer.

Le cuenta de donde viene esta tradición, de cuando el padre de su padre la pasó, de lo que sintió él durante su propio ritual, y de que si la finaliza con éxito no podrá contársela a nadie, porque la experiencia es personal para cada uno, diciéndole,  –“Hijo, pase lo que pase, oigas lo que oigas, sientas lo que sientas, recuerda que el sentir miedo es un instinto natural e inherente de nuestra supervivencia. Si llega, respira profundamente y trata de evocar alguna imagen que te transmita serenidad. Domina el miedo, en eso consiste esta prueba”-.

Adentrándose en la profundidad del bosque el padre busca un tronco o una roca sobre la que sienta al niño, colocándole una venda sobre los ojos, no sin antes advertirle que bajo ningún concepto puede quitársela, hasta la salida de los primeros rayos de luz del nuevo día, en el que amanecerá, superada la prueba, como hombre adulto, habiendo dejado atrás al temeroso niño.

“Sin la posibilidad de poder ver, se intensifican mucho más el resto de los sentidos, por lo que escucharás todo tipo de ruidos. Tranquilo, confía en ti”, le dice a su hijo, antes de partir, dejándolo allí.

El niño al quedarse solo de pronto siente frío, un frío que le recorre toda la espalda y que parece meterse por los huesos de sus piernas. Escucha el canto de lo que parecen ser unos pájaros, quizás sean arrendajos, y allá en la lejanía, el aullido de un lobo, o igual son dos, que le paraliza todo el cuerpo, desde la cabeza a los pies. Y de pronto, sin quererlo, imagina lo que podría suceder si aquel, o aquellos lobos, llegasen a percatarse de su presencia. Se siente tan indefenso, tan vulnerable y tan expuesto…

Y recuerda las palabras de su padre antes de partir, -“domina ese miedo, hijo”-, y así, piensa en su madre, en su hermano y en su padre. Tratando de recordar momentos felices vividos junto a ellos, intentando abstraerse de toda aquella sinfonía de ruidos que el bosque parece estar dedicándole, estando firmemente decidido a superar aquel ritual, mientras se dice a sí mismo, –“Ya no soy un niño” –.

Y sentado sobre aquella piedra, aguantará con valor, sin apenas moverse, hasta sentir los primeros rayos del sol del nuevo día, momento en el que por fin se puede quitar la venda que cubre sus ojos.

Tratando de ajustar la visión sobre aquella deslumbrante luminosidad ve a su padre sentado sobre un tronco próximo a él, que ha permanecido a su lado, durante toda la noche, en silencio, velando por él. No se ha marchado dejándolo solo. Ha permanecido allí, junto a él, brindándole su protección ante los posibles peligros que pudiera haber tenido, sin haberse percatado de su presencia. Y corriendo hacia él ambos se funden en un profundo abrazo, para acto seguido regresar al poblado, que los vio partir como un hombre y un niño y que los verá regresar como dos hombres adultos.

Al regresar del bosque la esposa y madre los recibe, confirmando la superación del ritual, presentando a su hijo a todos como un hombre adulto.

Ambos, padre y madre han sido, son y seguirán siendo un pilar fundamental en la vida de Umi.

Hace más de dos mil quinientos años, el pensador chino Confucio afirmaba que una casa (un hogar) se consideraba fuerte e indestructible cuando se basaba en cuatro columnas principales; padre valiente, madre prudente, hijo obediente y hermano complaciente. Siendo los pilares más importantes los de la madre y el padre.

Cerca de dos mil años más tarde, el escritor Mateo Alemán señalaba que; “No hay palabra ni pincel que llegue a manifestar el amor de un padre”— .

Y un poco más tarde, principios del Siglo XIX, otro escritor, Honoré de Balzac decía que; “Jamás en la vida encontraréis ternura mejor, más profunda, más desinteresada ni verdadera que la de vuestra madre”—.

Pasado mañana, es el primer domingo del mes de mayo, y por lo tanto el Día de la Madre. Sirva pues esta reseña para hacer valer el cometido de todas ellas, de su valor y su significancia, felicitándolas, desde aquí, a todas ellas, con todo mi cariño.

Feliz Día de la Madre. Y un beso muy especial, para la mía, mis hermanas, y a todas aquellas que conozco…

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