LOS CUADROS DE MARGARET KEANE

6 de mayo……………………………..y entonces sucedió que……………………………

………una noche en el club «The Hungry I» (Hambriento yo) recientemente trasladado al número 559 de la calle Jackson, en San Francisco, muy cerca del Hotel Internacional, al que todos por la zona acabarían llamando el “Hotel I”, lugar en donde Margaret exponía sus cuadros, junto a su marido Walter, se le acercaba una mujer preguntándole “a qué se dedicaba ella y si también pintaba, como lo hacía su marido”.

Aquella pregunta la dejaba un tanto desconcertada. Es cierto que su marido vendía los lienzos que ella pintaba y que firmaba con su apellido de casada, Keane, puesto que él parecía poseer un don especial para el mundo de los negocios, y manejarse mucho mejor en aquellos asuntos sociales que ella, sin lugar a dudas, pero por la manera de formularle aquella mujer sus dudas, sentadas ambas en aquel rincón apartado del local, parecía que él no dejaba el asunto, sobre la autoría de sus obras, del todo muy claro.

Al regresar a casa aquella noche del 6 de mayo, de un día como hoy, de hace sesenta años, el matrimonio tuvo una fuerte discusión sobre dicha cuestión. Margaret que estaba realmente molesta, exigía a Walter una explicación sobre aquel asunto.

Él le confesaba que no recordaba bien cuándo, pero que en un momento determinado había llegado a atribuirse la autoría de los cuadros para así darle un mayor impulso y poder aumentar sus ventas, llegando incluso a falsear un poco la realidad ofreciendo una fantasiosa explicación sobre el posible origen de su inspiración, alegando que esta le venía de cuando se encontraba estudiando en Europa, a finales de 1945, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial al observar a los niños que se encontraba en aquel Berlín devastado, llegando a decirle que de no haber sido por él, nadie le hubiera comprado un solo cuadro, “porque nadie compra cuadros pintados por mujeres».

Los cuadros de Margaret Keane, presentan todos ellos una característica bastante peculiar, con un estilo singular, creador posteriormente de una corriente que se conocerá como “Big Eyed”, en la que todos sus personajes pintados aparecen representados con unos enormes ojos, que si bien en su origen había recibido numerosas críticas al respecto, acabaría poniéndose de moda en los años sesenta, llegando incluso, parte de su obra, a miembros de la familia Kennedy, por aquel entonces presidente de los Estados Unidos.

Margaret, contrariada siguió pintando sabiendo que su marido contaba a todos que él era el autor de estos, más que nada pensando en su hija y en qué sería de ellas si se separase de él. Algo que tres años más tarde, en 1965 sucedería, ante las constantes infidelidades y dispendio patrimonial de él.

Tras el divorcio ella se trasladaría a Hawaii, contrayendo matrimonio pocos años después con el comentarista deportivo Dan McGuire, iniciándose entre ambos ex cónyuges un cruce de reclamaciones sobre los derechos de aquellos cuadros, que la mayoría de la opinión pública creía todavía que eran obra exclusivamente de Walter Keane.

En una entrevista concedida al United Press International (UPI) Margaret declaraba públicamente ser la única y verdadera autora de aquellas obras, con la consiguiente perturbación que aquella afirmación traía consigo, iniciándose un enfrentamiento abiertamente en los principales medios de comunicación.

Por su parte Walter daba al USA Today una versión absolutamente diferente de la ofrecida por su ex esposa, llegando a afirmar que aquella además de ser la causante de su divorcio por sus constantes infidelidades quería apropiarse además de unas obras que algunas celebridades de Hollywood le habían encargado a él a título personal, como Jerry Lewis, Joan Crawford, Kim Novak o Natalie Wood.

Aquello definitivamente colmaba la paciencia de Margaret que interponía una demanda en 1986 ante un juzgado californiano. Walter Keane seguía alegando ser el verdadero artista de aquellas obras, contando con infinidad de testigos que le daban credibilidad en este sentido.

La Corte instó a ambos reclamantes a pintar allí mismo, en sede judicial un cuadro. Margaret pintaba un niño de enormes ojos tristes en menos de una hora (54 minutos) que aparece en la portada de esta reseña. Walter por su parte alegando dolor en uno de sus brazos ni siquiera hizo ademán de coger los pínceles. El jurado no tardaría en emitir su veredicto.

En 2014, basándose en esta historia Tim Burton rodaba “Big Eyes” (Ojos Grandes) en los que Amy Adams y Christoph Waltz dan vida al matrimonio de Walter y Margaret Keane. En este enlace el tráiler de la película (https://youtu.be/fMWMIjID4js).

La sentencia acabaría dándole la razón a Margaret Keane, la cual recibía además del reconocimiento público de la autoría misma de sus cuadros una indemnización estimada en 4 millones de dólares (una cantidad que por cierto nunca recibiría), como la verdadera y única artista de sus cuadros.

Y es que pintora y artista no es lo mismo…porque…

-“Un pintor, pinta lo que vende. Un artista, en cambio, vende lo que pinta”-.[Pablo Picasso].

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