EL ÁNGEL DEL GUETO DE VARSOVIA.—

130522

13 de mayo…………………………y entonces sucedió que……………………………

…….Irena Sendlerowa tiene veintinueve años, trabaja en el Departamento de Bienestar y Salud Pública de Varsovia. Lleva bastantes meses sin poder dejar de pensar en toda esa cantidad de gente que ha quedado confinada, tras la decisión de las autoridades nazis, de levantar esos muros, en pleno centro de la capital polaca, segregando a la población judía del resto de los ciudadanos. Cada semana cientos de ellos llegan hasta allí procedentes de todos los rincones del país, e incluso algunos deportados desde la misma Alemania y sus territorios ocupados.

El denominado “Gueto de Varsovia” que acabaría albergando en aquella pequeña área del centro de la capital a casi 450.000 judíos, había sido concebido en realidad como un lugar de tránsito hacia los campos de exterminio, principalmente el de Treblinka, por su proximidad, ubicado a apenas cien kilómetros al noreste de allí.

Irena Sendlerowa e Irena Schultz, que también trabajaba en el mismo Departamento de Bienestar, contactaban con otra compañera, la enfermera Helena Szeszko para que les consiguiera unos permisos especiales que les facilitasen la entrada y la salida de aquel lugar, que en apenas unas pocas semanas había empezado a dar muestras de un deterioro trepidante.

Y así, argumentando el justificado pretexto de llevar a cabo un mayor control sanitario, sobre las epidemias y enfermedades infecciosas que aquella delimitada zona superpoblada comenzaba a presentar, debido a las pésimas condiciones higiénicas y la carestía de alimentos que se traducían en un elevadísimo índice de mortandad, ambas trabajadoras conseguían unos credenciales para poder acceder al mismo, por la calle Sienna.

Aunque no eran judías, sino de religión católica, cada mañana al acceder al interior del gueto se colocaban en sus brazos el distintito correspondiente que aquellos debían obligatoriamente portar para su identificación tratando de ganarse así su confianza.

Irena Sendlerowa, Irena Schultz y Helena Szeszko comenzarían a diseñar un plan para paulatinamente ir sacando de aquel infernal lugar principalmente a los niños, sin duda alguna, los más indefensos, contactando para ello con una institución dedicada a la acogida de niños huérfanos, la del “Hogar del Padre Boduen”, ubicada en el distrito de Śródmieście, al margen del río Vístula, donde trabajaba Władysława Marynowska.

Y así, siendo conscientes de la aversión que los soldados alemanes exhibían ante todo lo relacionado con enfermedades infecciosas y en particular con aquel brote de tifus que estaba empezando a causar estragos en el interior del gueto, comenzaron a utilizarlo como excusa evacuando algunos niños en ambulancias sin el correspondiente registro de los soldados de la Gestapo que simplemente al leer en el documento la palabra «Typhus», abrían prestos las barreras alejándose varios pasos.

Obviamente aquel sistema no podría ser llevado a cabo de forma masiva pues acabaría levantando las sospechas de las autoridades nazis, que ya recelaban sobre las posibles ayudas que pudieran estar recibiendo los judíos decretando la pena de muerte para quienes colaborasen con aquellos.

Este aviso de las autoridades nazis, en 1941, de la aplicación de la pena de muerte como castigo para los que proporcionasen cualquier tipo de ayuda a los judíos, aplicable tanto para el sujeto en cuestión como para sus familiares y allegados más próximos, no frenaría el deseo de Irena por intentar salvar la vida del mayor número posible de niños, al contrario, ya que incluso llegaría a colaborar activamente en la creación del “Consejo de Ayuda a los Judíos” (Zegota) dejando de usar su auténtico nombre para comenzar a utilizar desde entonces el nombre clandestino de “Jolanta”.

Y así, escondiendo algunos niños en sacos de patatas, otras veces a través de verdaderas cloacas, o  incluso camuflados entre materiales de construcción, utilizando perros adiestrados que ladraban cuando uno de los niños se ponía a llorar, lograba cada semana poner a salvo media docena de estas criaturas desamparadas.

Todos los niños, sus nombres y apellidos y el de sus padres, codificados, eran debidamente documentados y registrados, ocultándolos camuflados dentro de unos botes de mermelada que posteriormente enterraría en el jardín de su vecina.

Uno de los casos más singulares sería el de Elżbieta Ficowska, una niña de tan solo seis meses de edad, a la que tras administrarle un barbitúrico (Luminal) era introducida en una caja de madera (a modo de ataúd) con algunos agujeros hechos en la misma para que pudiera respirar escondiendo su madre entre sus ropajes una cuchara de plata en la que llevaba grabado su nombre y la fecha de su nacimiento, 5 de enero de 1942. Una niña cuya madre escuchaba sus balbuceos por teléfono hasta morir en aquel gueto y que al cumplir los diecisiete años descubriría que ella era a quien conocían como “la niña de la cuchara de plata”.

El levantamiento del Gueto, entre los meses de abril y mayo de 1943 supondría, al finalizar este, el arresto de Irena Sendlerowa que acabaría siendo sometida a tortura para obtener infructuosamente los nombres de quienes colaboraban con ella, siendo condenada a muerte, ingresando en la prisión de Pawiak, de la que lograría huir, sobornando, el movimiento de resistencia clandestino, a varios guardias.

Irena lograría salvar en total, durante aquellos años, unos dos mil quinientos niños. Al acabar la guerra, tal y como apareció Jolanta, esta desaparecería. Sin contarle a nadie lo que había hecho, tratando de poner en contacto aquellos niños con sus verdaderos padres, muchos de ellos en vano, al haber fallecido estos en el gueto o en campos de concentración, entregaba todos los datos de aquellos niños y de sus padres al doctor Adolf Berman, como primer presidente del Comité de Salvamento de los Judíos Supervivientes.

Muchos niños no conocían el verdadero nombre de Irena. Años más tarde era reconocida por uno de aquellos niños al ver publicada una fotografía suya en un periódico, poniéndose en contacto con ella, y tras aquel, cientos de ellos que se sentían igualmente agradecidos.

El 19 de octubre de 1965 la institución oficial israelí constituida en memoria de las víctimas del Holocausto (Yad Vashem) reconocía a Irena Sendlerowa como Justa de las Naciones.

En noviembre de 2003, el presidente de la República de Polonía, Aleksander Kwasniewski, le otorgaba la más alta distinción civil del país, nombrándola dama de la Orden del Águila Blanca.

La vida de Irena Sendlerowa acabaría siendo llevada a la pequeña pantalla por la CBS, bajo el título “The Courageous Heart of Irena Sendler” [el corazón valiente de Irena Sendler] (que es como también se le conoce), interpretada por Anna Paquin y cuya película completa se puede ver en el siguiente enlace https://www.youtube.com/watch?v=cVHSOlYSsPM.

El 12 de mayo de 2008, fallecía a la edad de noventa y ocho años. El 13 de mayo, de un día como hoy, de hace catorce años, era enterrada en el cementerio de Powązki para su eterna gloria y descanso…

—“Cada niño salvado por mí es la justificación de mi existencia en la Tierra, no un título para la gloria”— [Irena Sendlerowa].

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